''Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.''- José Martí
Nada de lo que estamos haciendo aquí pasará a la historia.
Ni siquiera lo que han hecho aquellas personas que han logrado fama, fortuna, dinero o poder en esta o cualquier época anterior tiene alguna relevancia en la historia. Tengo muy grabada en la memoria la vista de una estatua del emperador Julio César, deformada por el tiempo, llena de grafitti y abandonada en medio de un parque en Nápoles. La placa que indicaba el nombre del personaje había desparecido hace mucho, los niños jugaban alrededor y la gente caminaba al lado sin tener idea o prestar atención al personaje. El emperador más poderoso del mundo antiguo completamente olvidado en nuestro presente.
En el pasado, hazañas y gestas de muchas personas quedaron en el olvido porque no había suficiente capacidad de cómputo de información. Habías hecho algo relevante, pero no quedó almacenado, por lo que nadie sabría de esa idea o nadie sabría la autoría de ese invento.
Ahora los hechos importantes se perderán no por no haber sido almacenados, sino porque se perderán en el océano de información irrelevante que nos rodea y que cada vez crece más.
Los hechos del pasado olvidados en el presente y los hechos del presente olvidados en el futuro.
Independientemente de esta permanencia en la memoria, en un esquema a largo plazo tampoco esto va a importar, nada va a distinguir a las personas que sobresalieron de las personas que fueron mediocres y pasaron por la vida sin hacer nada relevante, todos llegaremos al mismo lugar: la nada.
Entonces, bajo este nihilismo de hechos irrelevantes, acaso tiene importancia buscar fama, poder y dinero? a ojos de la memoria histórica no parece algo realmente útil, sin embargo, cada vez hay más personas que buscan esto a cualquier precio y de cualquier forma.
Fidel Castro lo tenía clarísimo: ''Nunca me he dedicado un segundo a pensar cómo me deben ver, ni cómo me recordarán. La historia es relativa, la especie puede acabarse, el sol se apagará. ¿De qué valen la fama, las preferencias? Un día nada de esto existirá.''
Siempre me ha llamado mucho la atención las personas que el ver a algún personaje famoso corren despavoridas a tomarse una foto con el personaje o que al viajar buscan tomar fotos no de los lugares en sí, sino de una foto de ellos mismos en esos lugares; lo importante no es mostrar al mundo el lugar o el personaje famoso sino el hecho de que nuestra existencia no fué vana porque estuvimos ahí o estuvimos con esa persona.
A pesar de que en el fondo sabemos que a nadie le importa, la gente sigue acumulando desesperadamente evidencias para compartir con los demás, no para compartir desinteresadamente estas experiencias sino para reafirmarse a sí mismos con cada evidencia de un viaje, una comida o una persona famosa al lado que: nuestra vida no es inútil aunque efectivamente lo sea.
Espero en el futuro encontrar mucha gente famosa con la cual no tomarme fotos, comer muchas cosas y visitar muchos lugares de los cuales no guarde ninguna evidencia, mas que en el fondo de la memoria y el corazón, que al final también terminarán en el mismo lugar que el sol, extintos.
miércoles, 12 de julio de 2017
miércoles, 21 de junio de 2017
el mar cerebral
He estado pensando que todo lo que hacemos, lo que vivimos, los viajes que realizamos, la comida que comemos no es más que una manera de alimentar de manera constante a este cerebro nuestro, tan ávido de nuevos recuerdos y de constantes experiencias.
Si lo pensamos detenidamente, todo lo que hacemos alimenta de alguna u otra forma a nuestro cerebro, el placer que buscamos insistentemente a través de muchos medios no es más que un botón oculto en nuestro cerebro que se dispara con una nueva experiencia, un orgasmo, un libro, el dolor, etc.
Podríamos pensar que el cuerpo humano no es más que un conjunto de elementos dedicados a servir a este tirano-dictador que sólo busca satisfacer sus ansias de acumular información y sentir placer (o como quiera que le llamemos a esa sensación que buscamos todo el tiempo).
La historia del hombre puede ser vista desde la perspectiva de la búsqueda del placer y la comodidad, todo lo que hemos hecho desde el principio de los tiempos ha estado enfocado en incrementar el placer y la comodidad del ser humano, para disfrute del cerebro.
Piensa en las historias de ciencia ficción donde un cerebro flotando en una solución y conectado a una serie de cables vive una vida como la de cualquiera de nosotros. Cuál sería la diferencia entre esa vida y esta otra en que estamos conectados a un cuerpo? Como colofón podríamos elucubrar que quizá somos en efecto cerebros flotando en una solución y todo lo que vemos y vivimos es sólo una ilusión aparente, sería como caer en la madriguera del conejo de la Matrix.
Siempre he tenido muy buena memoria, lo cual me permite recordar momentos o situaciones específicas en mi vida, que normalmente no tienen la menor relevancia y sin embargo, están ahí, latentes. Este disco duro sigue guardando información que quizá no es relevante en lo absoluto, pero al cerebro le gusta regodearse en la información, y acumular más conforme pasa el tiempo.
Nuestras vidas son una carga incesante de información, hasta que a la maquinaria que almacena el disco duro se le acaba la batería o el disco duro se corrompe antes de tiempo. En ambos casos, la vida como tal deja tener sentido. Cuántas discusiones filosóficas y éticas hemos leído respecto lo que debe ocurrir con las personas en estado vegetativo o con padecimientos como el Alzheimer. Queda claro, al menos desde un punto de vista inmediato, que mucho de lo que nos gusta describir como nuestra vida se corrompe o pierde sentido en estas situaciones. No ocurre lo mismo con las personas que pierden un órgano o un miembro, el cerebro sigue estando ahí requieriendo su dosis de información y experiencias, pero si el cerebro ya no responde ahí sí entramos en un predicamento.
Si lo pensamos detenidamente, todo lo que hacemos alimenta de alguna u otra forma a nuestro cerebro, el placer que buscamos insistentemente a través de muchos medios no es más que un botón oculto en nuestro cerebro que se dispara con una nueva experiencia, un orgasmo, un libro, el dolor, etc.
Podríamos pensar que el cuerpo humano no es más que un conjunto de elementos dedicados a servir a este tirano-dictador que sólo busca satisfacer sus ansias de acumular información y sentir placer (o como quiera que le llamemos a esa sensación que buscamos todo el tiempo).
La historia del hombre puede ser vista desde la perspectiva de la búsqueda del placer y la comodidad, todo lo que hemos hecho desde el principio de los tiempos ha estado enfocado en incrementar el placer y la comodidad del ser humano, para disfrute del cerebro.
Piensa en las historias de ciencia ficción donde un cerebro flotando en una solución y conectado a una serie de cables vive una vida como la de cualquiera de nosotros. Cuál sería la diferencia entre esa vida y esta otra en que estamos conectados a un cuerpo? Como colofón podríamos elucubrar que quizá somos en efecto cerebros flotando en una solución y todo lo que vemos y vivimos es sólo una ilusión aparente, sería como caer en la madriguera del conejo de la Matrix.
Siempre he tenido muy buena memoria, lo cual me permite recordar momentos o situaciones específicas en mi vida, que normalmente no tienen la menor relevancia y sin embargo, están ahí, latentes. Este disco duro sigue guardando información que quizá no es relevante en lo absoluto, pero al cerebro le gusta regodearse en la información, y acumular más conforme pasa el tiempo.
Nuestras vidas son una carga incesante de información, hasta que a la maquinaria que almacena el disco duro se le acaba la batería o el disco duro se corrompe antes de tiempo. En ambos casos, la vida como tal deja tener sentido. Cuántas discusiones filosóficas y éticas hemos leído respecto lo que debe ocurrir con las personas en estado vegetativo o con padecimientos como el Alzheimer. Queda claro, al menos desde un punto de vista inmediato, que mucho de lo que nos gusta describir como nuestra vida se corrompe o pierde sentido en estas situaciones. No ocurre lo mismo con las personas que pierden un órgano o un miembro, el cerebro sigue estando ahí requieriendo su dosis de información y experiencias, pero si el cerebro ya no responde ahí sí entramos en un predicamento.
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